lunes, 13 de diciembre de 2010


EL ORIGEN DE LAS CUATRO ESTACIONES
PERSEFONE
El rapto de Perséfone, El origen de las estaciones
En la mitología griega, Perséfone (en griego antiguo ‘la que lleva la muerte’) era la reina del Inframundo, la Core (Κόρη, ‘hija’) o joven doncella, hija de Deméter (ἡ Μητὴρ hê Mêtềr, ‘la madre’) y Zeus.

La figura de Perséfone es actualmente muy conocida. Su historia tiene un gran poder emocional: una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto y el regreso de su hija. También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación.

EL MITO
El mito del rapto

En el panteón olímpico se le da un padre a Perséfone: según la Teogonía de Hesíodo era hija de Zeus y Deméter:

Y él [Zeus] fue a la cama de la abundante Démeter, quien concibió a Perséfone, la de blancos brazos, robada por Hades del lado de su madre.

Sin embargo, Perséfone no tenía una posición estable en el Olimpo. Solía vivir muy lejos de los demás dioses, siendo una diosa de la naturaleza anterior a plantar semillas y cultivar plantas. En la tradición olímpica fue cortejada por los dioses Hermes, Ares, Apolo y Hefesto, pero ella rechazó todos sus regalos y alejó a su hija de la compañía de los dioses. Así, llevaba una vida pacífica hasta que se convirtió en la diosa del inframundo, lo que, según los mitógrafos olímpicos, no sucedió hasta que Hades la raptó y la llevó allí con él. Perséfone estaba cogiendo flores inocentemente con algunas ninfas (y Atenea y Artemisa, según el himno homérico, o Leucipe, o algunas Oceánides) en un campo en Enna cuando Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo. Las ninfas fueron transformadas en las Sirenas por no haber intervenido. La vida quedó paralizada mientras la desolada Deméter (diosa de la Tierra) buscaba por todas partes a su hija perdida. Helios, el sol, que todo lo ve, terminó por contarle lo que había pasado.

Finalmente, Zeus no pudo aguantar más la agonía de la tierra y obligó a Hades a devolver a Perséfone, enviando a Hermes para rescatarla. La única condición que se puso para liberar a Perséfone fue que no probase bocado en todo el trayecto, pero Hades la engañó para que comiese seis (o cuatro, según las fuentes) semillas de granada, que la obligaban a volver cada año un mes por cada semilla. En algunas versiones, Ascálafo contaba a los demás dioses que Perséfone se había comido voluntariamente las semillas de granada. Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero durante seis meses al año, cuando Perséfone volvía a los infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril. Fue durante su viaje para rescatar a Perséfone del inframundo cuando Deméter reveló los misterios eleusinos. En una versión alternativa, Hécate rescató a Perséfone. En la versión más antigua la temible diosa Perséfone era la propia Reina del Inframundo (Burkert, Kerényi).

En algunas versiones Deméter prohíbe a la tierra dar frutos, en otras está tan ocupada buscando a Perséfone que no se ocupa de ella, y en algunas la profundidad de su desesperación hace que nada crezca.

El número de semillas comido por Perséfone cambia también de unas versiones a otras, a menudo en relación con la duración del invierno en la zona de procedencia de la historia.

Este mito puede ser interpretado también como una alegoría de los rituales matrimoniales de los antiguos griegos, que sentían que el matrimonio era una especie de rapto de la novia de su familia por parte del novio, y este mito puede haber explicado los orígenes del ritual del matrimonio. La más popular explicación etiológica de las estaciones puede haber sido una interpretación posterior.

Perséfone, como reina del Hades, sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero falló, al mirar atrás casi al final para asegurarse de que su esposa le seguía, y perdió a Eurídice para siempre.

Perséfone también figura en la historia de Adonis, el consorte sirio de Afrodita. Cuando Adonis nació, Afrodita lo tomó bajo su protección y fue hechizada por su belleza sobrenatural. Afrodita se lo dio a Perséfone para que lo cuidara, pero ésta también quedó asombrada por su belleza y rehusó devolvérselo. La discusión entre las dos diosas fue resuelta por Zeus o Calíope, quien decidió que Adonis pasase cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año solo.

Cuando Hades persiguió a una ninfa llamada Mente, Perséfone la convirtió en una planta de menta.

Perséfone era el objeto del cariño de Pirítoo. Su amigo Teseo y él prometieron casarse con sendas hijas de Zeus. Teseo escogió a Helena, la secuestró con la ayuda de Pirítoo y decidió retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra, y viajaron al inframundo, reino de la elegida de Pirítoo, Perséfone, y del marido de ésta, Hades, quien fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Heracles.

Era frecuente referirse a Perséfone y su madre Deméter como aspectos de la misma diosa, y eran llamadas «las Deméters» o simplemente «las diosas». La historia del rapto de Perséfone era parte de los ritos de iniciación en los misterios eleusinos.

viernes, 10 de diciembre de 2010

EL MITO DE SÍSIFO


Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Albert Camus

¿Puede existir castigo más terrible que nos lleve a pensar que todas nuestras acciones sean inútiles y sin esperanza? Sísifo (fundador y rey de Éfira nombre antiguo de Corinto)al parecer de un ser ambicioso y cruel, puesto que pasaba por encima de todo con tal de acrecentar su riqueza; inclusive en un momento se burló hasta de los dioses. Convencida que fuera su esposa por él de no ofrecer ningún sacrifico que era habitual a los muertos cuando partiera de este mundo y llegada que fuera su muerte, una vez que estuvo en el infierno convenció a Hades de que lo dejara volver a tierra para persuadir a su esposa para que cumpliera con tal deber dado a los muertos. Pero Hades no contaba con la astucia de Sísifo, quien una vez que regresó al mundo superior rehusó volver y tuvo que ser regresado a la fuerza por Hermes o Mercurio, en la tradición griega y latina respectivamente. ¡¡Vaya¡¡ quien no quisiera ser desenterrado, salir del sepulcro, tomar un buen trago de aire, volver a visitar a los amigos, beber agua por lo menos, y darse un gran paseo, ¿usted no? Pues yo sí. Bueno el asunto es que en el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio (La Odisea, xi. 593), tómese en cuenta que es por la eternidad, sin derecho a vacaciones, peor a un solicitar jubilación. Bien, algunos dicen que este castigo le fue dado a Sísifo por sus amplias ganas de vivir y pues lo condenaron a vivir de esta manera.

En definitiva, lo que nos puede mostrar este relato es que hay dos elementos, tragedia y dolor, Tragedia que conduce a pensar a que aparentemente no hay un final feliz y dolor, puesto que cuando Sísifo desciende de la montaña a volver a cargar con la piedra imagina ya de por sí el camino cuesta arriba y el peso de esta piedra. Pero justamente en este descender es el preciso momento en que Sísifo tiene un espacio, un espacio de al menos "reflexión"; Sócrates dirá "La vida examinada es la única que merece ser vivida". Y precisamente las atribulaciones, las angustias, los males infundados a pesar de estar presentes y en ocasiones abrazarnos o "tomarnos por las espaldas" como dijo una amiga alguna vez, pues serán parte de nosotros cuando se hagan conciencia, cuando por voluntad propia les demos vida, los alimentemos y los recreemos. Albert Camus en su ensayo sobre Sìsifo menciona: "Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.

Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de mas. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní". Pero que tal si somos capaces de convencernos a nosotros mismos de que podemos cargar la roca, pero siendo quienes podamos mantener el autodominio o el autogobierno sobre nuestro ser y sobre nuestro pensar. Este momento de reflexión era lo que para Sísifo sería para nosotros el momento de abrazar nuestras situaciones, nuestra realidad, volver la mirada hacia la roca que desciende para sabernos que mientras vivimos, nos movemos y existimos tenemos un destino y siguiendo a Camus mencionar que "Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando". Ja¡¡ en palabras mas sencillas "Si no quieres tener problemas cámbiate de planeta, este siempre los va a tener", si es Martín Valverde. Pero no es una tragedia, es un llamado a la toma de conciencia, que nos llama a sabernos superiores a la roca de Sísifo, a saber que "Todo el mundo tiene una filosofía de la vida pero pocos de nosotros gozamos del privilegio o el tiempo libre necesario para sentamos a esclarecer sutilezas" (en Mas Platòn y menos Prózac).

Hay que imaginarse a Sísifo dichoso (Albert Camus)

jueves, 9 de diciembre de 2010


REFLEXIONES RESPECTO DEL ALMA.

"Vana es la palabra de aquel filósofo que no remedia ninguna dolencia humana. Pues así como ningún beneficio hay de la medicina que no expulsa las enfermedades del cuerpo, tampoco lo hay de la filosofía si no expulsa la dolencia del alma". Epicuro

En el trayecto de la historia, la concepción que se ha dado del alma ha sido enfocada desde diferentes puntos de vista, principalmente desde lo psicológico y lo religioso. Desde algunas teorías filosóficas, el alma será considerada el principio vital del cuerpo, es quien lo pone en movimiento, puesto que es el hálito, equivalente a la respiración, cuando el cuerpo deja de respirar éste muere. El alma ha sido considerada fuego, una especie de fuego, o Logos, como dirá Heráclito presente en toda la realidad que permite la armonía y la movilidad de la misma (respeto a quien piensa lo contrario). Es bueno anotar que para Heráclito este fuego constituye el alma. Mientras más seco y puro sea éste, más sabia será su alma. Heráclito considera que su fuego es el más puro, y por lo tanto su alma es la más sabia, ¡¡vaya noble arrogancia¡¡. Pero precisamente, es lo que todas las personas, conscientes de tener alma debemos buscar, sabiduría. Esta sabiduría alimento del alma, será la que nos permita sostenernos en este mundo, lleno de problemas, desesperanzas, desasosiego, y todos los des- para volver a reconstruirnos, re vitalizarnos y todos los re -, encaminados hacia un crecimiento espiritual.

En las filosofías de tendencia o influencia oriental, se empezó a concebir que en cada ser humano existe dentro una realidad de orden divino, la cual ha preexistido al cuerpo y perdurará tras la muerte y corrupción del cuerpo. En filosofía encontramos a representantes de esta tendencia, el orfismo, Pitágoras o Empédocles. El alma puede entrar en el cuerpo y salir de él, sin identificarse nunca completamente con el cuerpo, que puede ser concebido como una especie de cárcel, o sepulcro, del alma. La misión del hombre es liberar su alma por medio de la purificación o de la contemplación.

Platón recogerá estas ideas y postulará un dualismo casi radical del cuerpo y el alma. Platón interpreta el alma principalmente en dos sentidos: el alma como aquello que permite a los seres vivos realizar actividades vitales, y, en el caso del alma humana, como el principio divino e inmortal que nos faculta para el conocimiento y la vida buena.

Para Aristóteles el alma es la causa o fuente del cuerpo viviente: "si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma, pues la vista es la sustancia o forma del ojo". El alma es el ser y principio de los seres vivientes, por cuanto esos ser y principio consisten en vivir. En el caso del alma humana, el modo de operación principal es la racional, que distingue esta alma de otras en el reino orgánico.

La tradición cristiana ha tomado muchos elementos del pensamiento griego al pensar el alma. Ha tomado algo del dualismo platónico, al formular filosóficamente la idea de alma en sí misma. Y, desde santo Tomás de Aquino, ha tomado de Aristóteles la fórmula hilemórfica para entender la relación del alma con el cuerpo. Pero cree que el hombre es alma y cuerpo. Se separa de la idea de Platón de que el hombre alcanza su plenitud sin el cuerpo. Y se separa de Aristóteles cuando pensaba que el alma era mortal y ponía el fundamento de la inteligencia en otra instancia (nous). La tradición cristiana supone que el alma pervive tras la muerte y que realiza tanto la función de animar el cuerpo como la de entender. De esta manera combina la tesis de Platón y la de Aristóteles. (http://arvo.net/antropologia-teologica/la-idea-cristiana-de-alma/gmx-niv510-con16764.htm)

El alma será pues, para usted y para mi y quien decida aceptarlo el "principio de vida", dicho principio de vida que se enciende y se apaga según medida necesitará de todos los argumentos posibles para sostenerse, para limpiarse y evitar las turbaciones, los pensamientos erróneos, que la puedan afectar y que la puedan llevar a su inexistencia antes de tiempo.